miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Han escuchado la expresión hazlo tu mismo? ¿Una corriente que durante los últimos años se ha encargado de incitar a las personas a tomar las riendas de sus cosas y, en vez de cederlas a terceros, tratar de hacerlas personalmente? En mi caso, esto se llama, repáralo tú mismo. 

El sábado, mientras esperaba pacientemente un bus que me llevara a casa, noté que el botón de bloqueo de mi iPod, ese dispositivo que tantos de nosotros usamos para almacenar y reproducir el hermoso sonido de las canciones que nos ponen los pelos de punta, nos entristecen, nos transportan, nos recuerdan momentos felices, o que simplemente usamos para pasar la moncha, hacer el pogo, conquistar a una niña y hasta agredir, había dejado de funcionar.

Como todo buen colombiano criado en el seno de una familia que llegó a la sabana bogotana hace ya varias generaciones procedente del campo, lo primero que hice fue soltar un putazo, desahogar mi frustración y enojo, ofender con todo mi repertorio léxico a la multinacional Apple, a los ingenieros y diseñadores que trabajaron en su producción, a la tienda iShop y hasta a la cajera que hace unos años me vendió el dispositivo asegurándome que saldría excelente y que solo por alguna extraña y muy poco probable razón se dañaría. Definitivamente esta no era una de esas poco probables razones, pensé, y terminé culpando a la mala calidad con la que fabrican las cosas en este nuevo siglo. La tusa del iPod. Lo guardé en mi bolsillo con la intención de intentarlo nuevamente más tarde —es absurdo, e incluso estúpido pensar que por arte de magia, o intervención de la providencia, después de que pasen unos minutos, las cosas dañadas van a estar andando a la perfección— pero no  funcionó.
Ya en casa, una gran idea acompañada de la intención desesperada de “hacerle la trampa al centavo” llegó a mi cabeza.

¡Lo arreglaré yo mismo! no debe ser tan difícil, me dije. Además, por estos tiempos, todo resulta tan caro que cualquier acción encaminada a ahorrar dinero, parece heroica, caballeresca, digna de los más altos honores. Prendí el computador, abrí la ventana de Youtube y escribí: cómo reparar el botón de bloqueo de un iPod nano de sexta generación; enter. Ante mis ojos aparecieron incontables videos acerca del tema, abrí el primero de ellos, duraba cinco minutos, la voz de quien hacía el video se escuchaba perfectamente y contaba con buenos comentarios.

¡Ja! Pan comido, me dije. Si él lo arregla en 5 minutos, yo me demoraré 20 o 30 cuando mucho, y sin pagar un solo peso. Alguien debería pedirle a quienes hacen ese tipo de tutoriales, que al inicio de sus videos pusieran una advertencia que dijera: Si no tiene experiencia en los procedimientos técnicos que se requieren para lo que se hará a continuación, no sea huevón, llévelo donde un experto.

El resultado fue un completo desastre. El primer paso en el video era tomar un secador de cabello y dirigir su aire caliente hacia el iPod con el fin de aflojar el pegante que sostiene la pantalla y desprenderla. Lo hice, mi pantalla se rompió. No es tan grave, pensé, queriendo convencerme a mí mismo de que después de arreglado el botón, la pantalla rota sería solo una pequeña molestia. El segundo paso era quitar unos tornillos, la única parte del video que resultó realmente sencilla. El tercer paso, desprender una pieza de metal; el cuarto paso, sacar la  batería —el  hombre del video lo hizo en 5 segundos, yo tardé varios minutos— el quinto paso era desprender unos plásticos que cubrían más tornillos, quitar los tornillos, acceder al lugar donde los botones hacen contacto con los circuitos, sacar el botón, agregar un pedazo de alambre y pegarlo de nuevo, poner los tornillos, recubrir  con los plásticos, poner la batería, poner la pieza de metal, insertar más tornillos…alto. En este punto me di cuenta que en algún momento una pequeña pieza inexistente en el video, se encontraba fuera de su sitio, ¿qué sitio? Ni puta idea.


Conclusión: Rearme el iPod ignorando esa pequeña parte que parecía insignificante. No conseguí absolutamente nada, el botón seguía dañado, y ahora, los botones de volumen tampoco funcionaban. Que mal rato el que pasé, los insultos en este caso fueron para mi. Ahora, con seguridad, si el iPod tiene arreglo, va a costar mucho más que al principio, gracias Fabián. 

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